Irán, República Islámica

agosto 17, 2012 5 Comments »
Irán, República Islámica

El lunes 30 de Julio llegamos a la frontera con Irán, día tormentoso y con lluvia, por suerte para nosotros apenas 20 grados de temperatura. Los dos estábamos muy ilusionados con la idea de recorrer un nuevo país y conocer otra cultura. Además ahora están en Ramadán, la policía se encarga de que todo el mundo lo cumpla; en los lugares públicos no se puede beber, comer ni fumar.

Unos metros antes de llegar a la frontera aproveché para taparme el pelo y ponerme una camiseta que no dejara ver mis brazos, esa es la ley y había que cumplirla. Fueron varios los trámites para entrar en el país, a pesar de tener nuestros visados y la documentación de la moto en regla. En la frontera cuando fuimos a entregar nuestros pasaportes unos tipos nos quitaron la documentación de las manos y la llevaron a una ventanilla, Jose les preguntó si eran oficiales, que si trabajaban allí a lo que ellos respondieron que si. Estos se quedaron en todo momento por allí, merodeando, si hablábamos con la policía ellos venían corriendo para ver que estábamos hablando. La sorpresa fue cuando ya teníamos todos los sellos necesarios, incluido el carnet de passage y nos disponíamos a salir de allí, estos “tipejos” nos pedían ¡30 dólares! Según ellos por la ayuda. Nos habían mentido, no trabajaban allí, aunque tenían el consentimiento de la policía. Nos negamos a pagar a estos corruptos, por lo que uno de ellos se enfadó tanto que empujó a Jose y le amenazaba constantemente con pegarle. Cuando pudimos salimos de allí ¡por fin! Fuimos directamente a cambiar dinero y a contratar el seguro de la moto, por cierto el seguro a terceros más caro que jamás vi: 60 dólares por 15 días de cobertura (también obligatorio en Irán). 

Ya casi era mediodía cuando por fin pudimos ponernos en ruta. Esa misma noche llegamos a Tabriz, que era nuestro primer destino. Preguntamos por el Hotel Sina, que es el que nos habían recomendado y un chico con una minimoto se ofreció a llevarnos. Nos dijo que le siguiéramos, menudo “crack”, los 5 kms los hizo a una sola rueda, sin luces y metiéndose entre los coches. Nosotros le seguíamos de lejos, en varias ocasiones pensamos que lo veríamos como una pegatina en el suelo, jaja. El motero-suicida era bastante amable, nos invitó a visitar su tienda de motos al día siguiente.

El hotel nos costó 30 euros, pero nos dimos cuenta que la gente del país pagaba mucho menos que nosotros por una habitación igual a la nuestra. Nos pareció extraño y le preguntamos al recepcionista: efectivamente hay un precio para los locales y otro para los turistas. Con los días pudimos ver que así ocurría con todo: gasolina, comida, hoteles… ¡¡¡cualquier cosa que quieras comprar te cuesta el doble!!! ¡Bonita forma de atraer turistas al país….!

Por la mañana fuimos a visitar el Bazar de Tabriz, allí puedes encontrar casi cualquier cosa, aprovechamos para  cambiar dólares por riads en el mercado negro. Al pasear por la calle nos dimos cuenta que nadie hablaba, aunque fueran en grupo todos caminaban en silencio y con la mirada perdida. Por supuesto, muchas mujeres cubiertas con un gran chador negro, desde la cabeza hasta los pies, algunas lo sujetan con la boca para que les tape parte de la cara. 

 

La idea era llegar a Hamedán, pero ese día hicimos 500 kms de desierto y carreteras bacheadas y acabamos parando en Bijar sólo para dormir. Fue dura tarea buscar un hotel. No encontramos a nadie que hablara inglés y las indicaciones estaban escritas en persa. Alguien entendió la palabra “hotel” y con la mano nos indicó como llegar a él, por cierto bastante “raro” y en el que creo que éramos los únicos huéspedes.

El miércoles madrugamos y rodamos 200 kms más hasta Hamedán, una gran ciudad en el oeste de Irán con mucho tráfico y calor. Decidimos parar en una plaza que parecía poco transitada para buscar Internet, poco a poco la gente se fue acercando a nosotros, nos miraban extrañados como si hubiéramos llegado de otro planeta. Tocaban la moto y nos hablaban en farsí, por supuesto no entendíamos nada. Ante tal bullicio apareció una patrulla con dos policías, que afortunadamente hablaban inglés y nos ayudaron a salir de allí.

Nos habían recomendado visitar Ali Sadr Cave, a 70 km de Hamedán y allí nos plantamos. Un lugar muy turístico, entramos en la enorme cueva, son necesarias más de dos horas para recorrer todos los pasadizos, incluso pudimos dar un paseo en barca por el río subterráneo. Una vez terminada la visita nos alojamos en el hotel que hay en el recinto.

 

Una de las rutas más largas y a la vez más bonita que hicimos en Irán fue hasta Esfahan, casi 500 kms y varios puertos de montaña a 2.700 metros. Paramos a repostar en un pueblo llamado Komanji, en la calle un señor en moto (Alí) se ofreció a llevarnos hasta la gasolinera y después insistió que fuéramos a su casa. Allí nos recibó su mujer Samaneh, su hija pequeña de 3 años y sus padres. Nos prepararon comida típica Iraní, nos enseñaron fotos y vídeos… Tuvimos mucha suerte encontrándolos ¡nos hicieron sentir como en casa a tantos kilómetros de distancia!

Después de muchas horas de carretera llegamos a Esfahan, ciudad famosa por su arquitectura islámica, preciosos bulevares, mezquitas, bazares, puentes cubiertos, minaretes… Encontramos caras muy alegres, turistas, mucha gente joven que se acercaban para preguntarnos de donde veníamos.

Yo aproveché para comprarme una camisa larga e intentar pasar desapercibida entre la gente, ninguna mujer lleva en la calle lo que nosotros consideramos una “camiseta normal”.

Nos alojamos dos días en un céntrico hotel, al lado del río Zayande (aunque estaba seco, muy seco).

En la plaza Imam se reúnen las familias al atardecer para cenar y allí conocimos a un matrimonio Iraní; Youssef y Masonmeh, agente de bolsa y matrona. Nos invitaron a cenar con ellos, cumplen el Ramadán estrictamente, hasta las 20:30 h. y después de la oración, no probaron nada de comida. Se casaron después de verse en dos únicas ocasionas, en las que habían quedado para hablar de la boda, supongo que sus familias ya habían acordado ese matrimonio. Imaginaros la cara que pusieron cuando les contamos que, tanto Jose como yo, ya habíamos tenido otras relaciones antes de conocernos.

La señora preguntaba: ¿Por qué no vienen más turistas como vosotros a Irán? Tratamos de explicarles (sin ofender) que a “los turistas” nos gusta la libertad, poder elegir que ropa te pones para salir a la calle, no nos gusta tener que pagar el doble por cualquier cosa…. A ella, muy fiel a su patria y al Corán le parecía todo muy correcto y normal.

 

Desde España la gente nos pregunta como se vive en Irán, tratan de imaginar como es la vida aquí, ya que no existe mucha información al respecto. En general la gente es muy buena, intentan ayudarte en todo lo posible, pero están tristes, nos cuentan que no tienen libertad, que nadie puede protestar. Los políticos tienen todo controlado, incluso quien debe ganar las elecciones, da igual a quien voten.

 

En google muchas de las búsquedas están bloqueadas, incluso información turística del país. No puedes acceder a páginas de noticias del resto del mundo ni a redes sociales. Pero hoy en día la gente ha encontrado la forma de saltarse la censura internauta y poder entrar en todas las páginas prohibidas.

 

En la mayoría de las ciudades hay un importante caos de tráfico, llaman la atención los coches tan antiguos y la cantidad de motos que hay, eso si de pequeña cilindrada. La moto es el medio de transporte familiar (siempre conducida por un hombre, las mujeres lo tienen prohibido), hemos llegado a ver como viajan hasta 5 y 6 personas, por supuesto sin casco. Lo que mas nos chocó fue ver bebés de pocos meses en brazos de sus madres, circulando por las concurridas calles sobre dos ruedas y sin ningún tipo de protección. Tremenda la imagen ¡pequeñas cabecitas entre el loco tráfico!

Poco a poco la gente joven se rebela a las estrictas leyes, cambiando de vestimenta o peinado, ahora lo que está muy de moda entre las chicas, es un enorme moño en la coronilla (al estilo Amy Winehouse) que cubren parcialmente con un pañuelo, dejando el resto de cabeza descubierta.

 

A 270 km al suroeste, entre los desiertos de Kavir y Lut llegamos a la “ciudad oasis” de Yazd, sin duda una de las ciudades que más nos gustó. Llegamos a las 2 de la tarde, las calles estaban absolutamente deshabitadas y en silencio ya que la temperatura era por encima de los 42 grados. El paisaje eran casas de adobe y azulejos y si alzas la mirada resaltan las torres de las mezquitas.

Encontramos el Hotel para viajeros Orient, de construcción típica iraní,  en el patio pudimos descansar mientras tomamos el te en los divanes-mesa. Fabulosas vistas desde la terraza, podía verse parte la ciudad, sin duda un lugar muy especial.

Al lado del hotel, conocimos a Adel, de 28 años que tiene una tienda de ropa, nos contaba que desea salir de su país, buscar un territorio con libertad; nos comentaba que es difícil ser feliz en aquel lugar donde entre otras cosas, las mascotas están prohibidas. Adel tiene un perro en su casa, dice que algunas noches, cuando todo el mundo duerme salen a pasear por la calle.. ¡No puedo creerme que censuren algo así!

El siguiente destino era Kashan. Sus casas tradicionales del siglo XVIII-XIX han sido restauradas minuciosamente. Nuestra idea era visitar todas, pero fue algo imposible. Por la tarde nos acercamos a cada una de ellas, encontramos todas las puertas cerradas. En Kahn-e Ameriah, que es la más grande (unos 9.000m2) pudimos hablar con el encargado, nos dijo que para poder visitar el complejo teníamos que volver a las 8 de tarde, así lo hicimos, volvimos allí y nos comenta que aún no es posible entrar, que cuando se hiciera de noche. Volvimos a las 9 (totalmente de noche), cuando entramos nos dice que como están de reformas no hay iluminación ¿es una broma? ¿Para qué nos dicen que vayamos de noche? Efectivamente no se veía NADA, igual que entrar en una casa a oscuras. El encargado notó nuestro enfado y nos prometió que si volvíamos a las 8 de la mañana nos dejaría entrar. Madrugramos y por fin hicimos la visita (mientras los obreros trabajaban) a una las casas,  impresionante con 7 patios y sus respectivos estanques en el centro.

En Kashan no había mucho más que ver y pusimos rumbo a Teherán, ciudad que bordeamos sin llegar a entrar, temiendo el tráfico y el calor. Fuimos por una carretera de montaña con muchas curvas, era lo que realmente nos apetecía, pasos de montaña a más de 2.700 metros, un día realmente agradable y temperatura perfecta de 25 grados. En el camino paramos a descansar y tomar un té. Una familia Iraní que viajaba en coche paró donde estábamos cuando vieron la moto, se acercaron a nosotros y en español nos preguntan -¿Habéis venido desde Madrid en moto? Hace 15 años emigraron a Barcelona y ahora con la crisis habían vuelto a vivir en Teherán. Pasamos un rato divertido charlando con ellos, sin duda, de España habían traído el buen sentido del humor.

Así, kilómetro a kilómetro llegamos hasta el Mar Caspio, donde por supuesto no me bañé, me niego a meterme en el agua tapada de pies a cabeza. El calor y la humedad invitaban a sacar mi bikini y bañarme, pero no lo hice por miedo a terminar detenida por la policía ¡lo que me faltaba!

Sólo pasamos una noche, Analeen y Uli (motoviajeros Alemanes) nos habían pasado un punto de GPS para alojarnos en una villa al lado del mar. Por unos 15 euros alquilamos una casa con dos dormitorios, internet y aire acondicionado, un lujo.

Y al día siguiente, como si se acabara el mundo, hicimos los más de 700 kms hasta Masshad. La idea era salir cuanto antes de Irán, me da pena decir que estábamos un poco “saturados” del país y apenas habíamos estado 10 días, pero esa es la realidad.

Ya por la noche llegamos muy cansados a Casa Valie´s en Masshad, un lugar donde se alojan muchos viajeros y donde nos encontramos con Fern Hume, una motera inglesa que también hará la ruta por China con nosotros.

Habíamos leído en varios foros que este alojamiento era “peculiar”, bonita palabra para describir tremendo barracón de batalla… Era necesario que nos quedáramos allí, ya que el dueño tiene contactos en el consulado de Turkmenistán, donde Jose acudió por la mañana a recoger nuestros visados que previamente habíamos solicitado en Estambul. Fern, después de 10 días esperando también consiguió su visado y los tres juntos fuimos hasta la frontera. Yo fui vestida con el traje de moto, y mi pañuelo de Touratech en la cabeza. Jose y Fern entraron a la oficina donde tenían que sellarnos los pasaportes, yo me quedé fuera con las motos. Les dijeron que querían verme dentro, entré en la oficina y una señora totalmente tapada (incluso guantes negros) y con cara avinagrada tenía mi pasaporte en la mano, me miró de arriba abajo y con voz de sargento me dijo: -¿no tienes uniforme? Me quedé unos segundos pensando… ¿Qué uniforme? ¿No le vale mi traje Rally de BMW? Fern discretamente me miró y señaló su camisa de manga larga y chador. La señora de forma muy poco amable me ordenó: -Ponte tu uniforme y entonces vuelves a por tu pasaporte. Corrí hacia la moto, me quité la chaqueta y saqué toda la ropa de la maleta. Encima de la camiseta que llevaba me puse una camisa larga y otro pañuelo más en la cabeza, hasta lograr taparme entera, excepto los ojos y orificios nasales: ¡uniformada como una cebolla! Volví a entrar a la oficina, ahora si dieron la aprobación a mi vestimenta y logré rescatar mi pasaporte.

 

Cada pocos metros encontramos controles militares, hasta un total de 5 para llegar al fin de Irán…. Por fin, cruzamos un puente lleno camiones… ¡estamos en la frontera de Turkmenistan!

 

 

 

  Pilar Moreno.

 

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5 Comments

  1. Mig San 21 agosto, 2012 at 14:35 - Reply

    Que impresión!!!!

  2. Jorge 22 agosto, 2012 at 10:37 - Reply

    Tela estos Iranís, que asco vivir así.

  3. Macotas 9 mayo, 2013 at 12:13 - Reply

    buenas acabo de enterarme de tu blog y la verdad es que me parece muy bueno no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote a diario.

  4. Cesc Coher 15 marzo, 2014 at 7:28 - Reply

    Hola pareja,
    He disfrutado le yendo vuestro blog y vuestras experièncias,yo tengo un chico Iraní trabajando y es uy buena persona, pero realmente ama su país y su gente, aunque odia sus gobernantes….

    …que pasada de viaje, como me gustaria vivir una experiència asi, con una moto tan buena (yo tuve la K1) y con una acompañante tant valiente y guapíssima!!!!

    Enhorabuena y gracias por compartirlo!!!

    Un saludo from Barceloca,

    Cesc

    • Aventuras en Moto 15 marzo, 2014 at 14:58 - Reply

      Cesc muchas gracias por leernos. Ya estamos de vuelta a España, así que esperamos verte en persona. Abrazos desde Kenia.

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