40 Días amando y odiando India.

noviembre 6, 2012 No Comments »
40 Días amando y odiando India.

Esto es un pequeño resumen de nuestro paso por India. País donde hemos pasado 40 largos días. Digo “resumen” porque podría escribir un libro (o varios), con todo lo que nos ha pasado y hemos visto.

Durante estos 40 días he tenido situaciones donde he llegado a preguntarme si era realidad o ficción lo que estaba viviendo. Aquí todo puede pasar, por muy remoto que parezca. Territorio que no te deja indiferente, duro, muy duro y mas si viajas en moto. Muchos días pensé que no llegaría a contar todo esto, que no llegaríamos a salir con vida y me refiero a los momentos de conducción. No hay normas ni respeto en la carretera, sólo vale la ley del mas fuerte, ¡como en la selva!.

Terminada la ruta por Pakistán, entramos a India por la frontera de Lahore el 23 de Septiembre de 2012. En cuanto al trafico, por todos es sabido que: ¡Bienvenido al país del caos!

Nuestra primera parada fue Amritsar (noroeste del país) con su Templo Dorado, que es mas visitado que el Taj Mahal por gente local. Un lugar espectacular, ¡mágico atardecer! Algo muy curioso que me pasó, es que muchas familias con bebés me pedían que cogiera a sus hijos en brazos para fotografiarme con el ellos… así pasé la tarde. A los indios les encanta y les llama la atención la piel blanca.

En Amritsar sólo pasamos una noche, la idea era buscar montaña, algo de altura donde no hiciera tanto calor.

Nos habían recomendado hacer la ruta de Manali a Leh, muy conocida y es típico ver como la gente lo hace con las motos Royal Enfield de alquiler, a pesar de que la pista en algunas zonas está en muy mal estado y hay que vadear ríos y zonas inundadas.

En Manali encontramos muchos turistas, sobre todo mochileros y gente europea viviendo allí. Nos alojamos en la zona antigua. Por casualidad encontramos el Hotel Dragon, bonito y barato; 400 Rupias que son apenas 8 Euros la noche.

Siguiendo con la ruta hacia Leh, pasamos por puertos de más de 5.000 metros, con las primeras nevadas y temperatura bajo cero.

Nunca nos ha afectado la altura, pero una noche en Pang, a 4.700 metros, dormíamos en un “refugio” de carretera, con unos franceses que también viajaban en moto. Me desperté en mitad de la noche con malestar en el estomago y me costaba respirar. Cuando intentaba salir del dormitorio me desmayé, durante 10 minutos no dejé de sudar y tener mucho calor… Después de eso, nada mas.

Cerca del lago Tso Moriri pinchamos la rueda trasera, que pudimos reparar con el material que llevábamos y un hinchador que un taxista nos dejó, ya que nuestro compresor no funcionaba.

Pocos kilómetros después cuando paramos en el lago, vemos que la rueda vuelve a perder aire.
No había un lugar peor para pinchar…. en mitad de un camino poco transitado y sin compresor.


Paramos un coche que pasaba por allí con dos tibetanos. Nos dijo que en el pueblo al que ellos iban, Korzok, había un mecánico y nos podría arreglar la rueda. Jose se quedó con la moto y yo fui con ellos y la rueda de la moto.
Al llegar al lago Tso Moriri (muy cerca de Tibet), había una enorme valla que lo rodeaba, un policía me pide el permiso para entrar en el pueblo, yo no llevaba ni el pasaporte que lo había dejado en la moto. Le expliqué lo que nos había sucedido y que necesitaba encontrar en ese pueblo alguien que nos reparara la rueda.

Después de un rato suplicando, me dejó entrar, pero en el pueblo ni había taller, ni mecánico ni nadie que tuviera un hinchador. Cuando estaba a punto de ponerme a llorar vi a un niño en una bicicleta que llevaba un hinchador manual. Le pagué 500 Rupias por el y volví con Jose, intentamos reparar el pinchazo pero era imposible, el agujero que tenia el neumático era enorme.

Hicimos 30 kms, parando cada poco para poner aire en la rueda. Se nos hizo de noche, llegamos a un pueblo que ni recuerdo su nombre. Fuimos donde vimos unas luces encendidas pensando que sería un hotel. Nos explicaron que era un colegio/internado pero que podrían dejarnos una habitación para dormir esa noche.
Por la mañana un señor que trabajaba en el colegio nos consiguió una cámara para la rueda y nos pusimos en marcha pensando que la pesadilla ya había terminado.
Después de 40 kms, la cámara que habían puesto también se pincho, justo en la puerta de una base militar. Un comandante nos dijo que nos ayudaría y la verdad que se portaron muy bien con nosotros. En el taller militar sólo pudieron ponerle la cámara de la rueda de un coche. Eso si, tardaron 6 horas en repararlo. Cuando terminaron ya era casi de noche, por lo que nos ofrecieron dormir en la base militar. Nos alojaron en el hospital, en las camas que hay para los enfermos y de nuevo tengo que decir lo bien que nos trataron… ¡hasta nos llevaron la cena a la cama!

Por fin, llegamos a Leh, la ciudad mas importante de Ladakh.

Alquilamos una moto para mi durante 2 días en los que subimos a los tres puertos mas altos de la zona, el mayor Chang La 5.360 metros y aprovechamos para acampar en el lago Pangong So, una bonita aventura, pero pasamos mucho frío, apenas 1 o 2 grados durante el día y bastante menos durante la noche.

Subimos al Khardung La 5.602 metros, el paso mas alto del mundo, en dos ocasiones, la primera con la BMW y encontramos mucha nieve.                                                                                   

La segunda vez con unas Royal Enfield que alquilamos y el paisaje totalmente diferente, soleado y sin nieve. Nos acompañaron los americanos Si y Jeff y el inglés John, (amigos con lo que cruzamos China y Pakistán).

Llegamos hasta la zona de Nubra Valley con esos “hierros”que habíamos alquilado, pasando por lugares prácticamente desérticos, zonas de arena, ríos, montañas… Una India totalmente desconocida, sin tráfico abundante, ni aglomeraciones.  Pasamos una noche en Dixquit y al día siguiente pusimos rumbo a Leh. Según íbamos acercándonos al Khardung La, descendía rápidamente la temperatura y el color del cielo estaba enrarecido.

A 4.500 metros comenzó una fuerte tormenta de nieve, seguimos rodando porque estábamos en medio de la nada, teníamos que llegar algún lado, parar ahí era la peor opción.

Encontramos un restaurante para tomar algo caliente y decidimos continuar porque la carretera parecía limpia.

En un tramo de pista encontramos por sorpresa que todo estaba helado, John y yo caímos al suelo al mismo tiempo. A el no le paso nada, yo tuve la mala de suerte de golpearme la pierna con una roca. No podía moverme del dolor. Me atendieron en un “barracón” hospital militar. El medico me dijo que necesitaba ser trasladada a otro hospital, había que descartar una fractura de fémur.
Me inmovilizaron la pierna y un señor se ofreció a llevarnos en su todo terreno hasta Leh, donde podían hacerme una radiografía. Allí dejamos las Royal Enfield, días mas tarde su dueño las iría a buscar.
30 kms tuvimos que hacer, tardamos varias horas, estaba nevando, la pista congelada, de noche… no fue muy agradable.   En el hospital confirmaron que no tenia nada roto, sólo gran contusión y me recomendaron reposo un par de semanas. ¿El hospital? Pufffffff, sólo decir que me alegré mucho de no haber tenido una herida abierta…                                     Tuvimos que quedarnos casi dos semanas en el hotel, yo no podía andar y esperar que nos llegara de Alemania un nuevo amortiguador para la moto.

Mientras tanto, el dueño del hotel donde nos alojamos se casó y nos invitó a la boda. Nada que ver con la celebración típica de España.

Alucinamos con el bodorrio. Para beber; te y agua, esperamos casi dos horas para ver a la novia, en ese momento fue cuando se podía empezar a comer. Las hindús, hombres y nosotros buffet, a las musulmanas les sirvieron platos en la mesa y a comer con las manos, nada de cubiertos.
Junto con las servilletas nos dieron unas bolsitas de plástico, jamás imaginé que era para llevarte la comida a casa. No me lo podía creer, la gente se llenaba las bolsas de comida, y ¡al bolso!, bastante impactante para mi…. En cuestión de 30 minutos la boda terminó, la gente ¡prefiere comérselo en su casa!

En Leh conocimos a Sultan, el dueño de una tienda de alfombras que también regentaba un hotel en el lago de Srinagar, nos ofreció su casa para que mandaran allí el amortiguador que esperábamos, ya que en el norte del país hay problemas con la mensajería. Yo aún estaba con la pierna mal por lo que decidió que fuera hasta Srinagar en su coche y Jose en moto.

Allí esperamos unos días en su casa y otro mas nos alojamos en el hotel flotante. Fueron muy amables…. pero jamás esperábamos que el día que nos marchábamos nos dijo su hermano que teníamos que pagarle el alojamiento en su casa y el viaje que hice en su coche…. ¿No era una invitación? Nos explicaron que eso es lo normal en India. La verdad que ya nos habían avisado que los Indios son así… Tener cuidado si viajáis a India y os invitan, probablemente es para que luego compres en su tienda o para que les pagues como si fuera un hotel.

Hasta llegar a Delhi, pasamos por Chamba, Mclenon, donde se encuentra el gobierno del tibet, Shimla, una ciudad en la que hay tantos monos en la calle como personas…. y toda una aventura circular por sus carreteras. Para haceros una idea, es como cuando conduces en un videojuego y es la última vida que te queda. Coches, camiones y motos que adelantan de una forma descontrolada, que te intentan sacar de la carretera. Vehículos, personas, vacas, perros, gallinas… que se cruzan.

En un par de ocasiones nos caímos al suelo, un coche nos golpeó y en otra chocamos de frente con una moto. Si, salimos ilesos de allí, ¡todo un milagro!. Lo peor de todo es cuando le reprochamos al conductor lo que nos había hecho, por ejemplo sacarnos de la carretera, no entendían porque nos enfadábamos, es lo normal.

En Delhi nos alojamos en casa de un amigo español, Fede, que trabaja allí desde hace varios años. Nos llevó a comer vaca, ¡por fin vaca! Es lo que mas echamos de menos, la comida.  Además de prepararnos la sorpresa para ver la Fórmula 1. ¡Gracias Fede! 

Visitamos el Taj Mahal, en dos ocasiones, una por la mañana y otro día al atardecer, tan impresionante como en tantas fotos lo hemos visto. Es lo único que hay que ver en Agra, la ciudad no merece mucho la pena, bastante sucio. En cuanto al precio de la visita, los locales pagan 2 Dólares, los extranjeros 20 Dólares.

 

 

 

Para “rematar” nuestro paso por India, el último sitio que visitamos es Varanasi. Es lo mas fuerte que he visto en mi vida. No se por donde empezar a explicarlo, a describir esto… Es una ciudad “santa”, por temas religiosos la gente ahorra durante toda su vida para ser incinerado allí cuando muera.

 

Estos son los Ghats, escaleras que bajan al río Ganges. Según la teología hindú este río es sagrado, la personificación de la diosa Ganga.

Este es el crematorio mas importante, el de Makarnika. Los familiares deben pagar los 300 kilos de leña que se necesita para quemar un cuerpo. No está permitido que las mujeres familiares del difunto acuda a la cremación, nos contaron que es porque los llantos no permite que se purifique el alma, aunque otro chico nos dijo que era porque una mujer se lanzó a la hoguera cuando quemaban a su marido.

Entre las llamas se puede ver perfectamente el cuerpo que están incinerando, esa imagen y el olor tan profundo a carne quemada, se me ha quedado grabado para siempre, siento escalofríos cada vez que lo recuerdo.

No se queman las mujeres embarazadas, leprosos, santones y niños menores de 7 años y de esto último doy fe, mientras paseábamos en barca al atardecer, vimos dos bultos flotando, cuando nos acercamos comprobamos que eran dos niños de muy corta edad.

 El Ganges, un río totalmente contaminado, ahí los indios arrojan las cenizas, los difuntos, animales, basuras, hacen sus necesidades, se bañan, lavan la ropa, se limpian los dientes y beben el agua “sagrada” para ellos. ¡Una autentica locura!

Dicen que India o la amas o la odias, yo me quedo con ambas: amor y odio. Su cultura, forma de vivir, comida, colores, olor a incienso, ruido, vacas vagabundas, suciedad…. Lo hacen un país único.

¿Volver? -Claro que si, pero sin moto.


Pilar Moreno.
Noviembre 2012

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